30 años de cambio
La política peruana de los últimos 30 años ha experimentado hechos y sucesos muy singulares y complejos. Se libró una guerra interna en contra de SL y el MRTA, se superó una de las peores crisis económicas de nuestra historia y se tuvo que afrontar una dictadura corrupta y criminal.
Se dió pues una revolución política y la democracia triunfó junto al pueblo peruano. La economía creció a un ritmo rápido y constante. Se dieron grandes avances dentro del mercado internacional. Como resultado de ello la pobreza disminuyó de casi un 50% hasta un 12% de pobreza. Se firmó una gran cantidad de Tratados de Libre Comercio, (el más importante con los Estados Unidos).
Sin embargo, el flagelo de la corrupción sigue dañando y perjudicando al Estado. Corrompe instituciones, perjudica el avance de proyectos, daña el crecimiento económico y amenaza con aumentar la pobreza. Es definida, en opinión de muchos, como la amenaza más poderosa que ha enfrentado y enfrenta nuestro país.
En el aspecto social dejamos de ser tercermundistas y nos convertimos en un país que espera pertenecer al club de las potencias sudamericanas. Se crecía a un ritmo de 3% anual. Este crecimiento acelerado a finales del 2005, durante el gobierno de Alejandro Toledo y continuó de manera ininterrumpida durante el segundo quinquenio de Alan García. Durante el gobierno de Ollanta Humala se aplicaron reformas sociales en beneficio de la educación y la nutrición infantil. A nivel internacional el país reafirmó su soberanía a través del fallo referente al diferendo marítimo con Chile, emitido en enero del 2014. Esto se logró a través de la excelente labor desarrollada por el Ministerio de Relaciones Exteriores.
A puertas del bicentenario de nuestra independencia, nos encontramos con un gobierno cuya oposición es mayoría en el parlamento y detiene todos los avances en educación y en inversión. Cegado por pasiones y apetitos el fujimorismo busca un beneficio propio en desmedro del desarrollo. Esperemos que el fujimorismo alcance la madurez suficiente para asumir con responsabilidad y honestidad su mayoría parlamentaria.

A puertas del bicentenario de nuestra independencia, nos encontramos con un gobierno cuya oposición es mayoría en el parlamento y detiene todos los avances en educación y en inversión. Cegado por pasiones y apetitos el fujimorismo busca un beneficio propio en desmedro del desarrollo. Esperemos que el fujimorismo alcance la madurez suficiente para asumir con responsabilidad y honestidad su mayoría parlamentaria.
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